Con su equilibrada amargura y su leve efervescencia. Con su aroma perfumado y su pseudotransparencia. En su copa ancha que mejora su presencia. Es el gin-tonic, el coctel emblemático de principios del siglo XXI. Pero que no nació como coctel, ni mucho menos emblemático.

Los antepasados indígenas del gin-tonic

A principios de los años 1600 ya reportaban los cronistas europeos, en Suramérica, el uso de la quinina para tratar las fiebres. Aunque los nativos peruanos, desde tiempos inmemoriales, usaban la corteza de la Cinchona (árbol de la quinina) para manejar diferentes dolencias. Con esta planta se trataba la malaria o paludismo. Por esta razón, la quinina fue durante décadas motivo de guerras en diferentes puntos del planeta.

Mientras tanto, en Holanda, un médico comenzaba a destilar ginebra, pero con el fin de mejorar problemas renales. El nombre ginebra viene del francés “genièvre” que significa enebro. Arbusto cuyos frutos son conocidos por sus efectos positivos en la salud, y por supuesto por ser el ingrediente original de la famosa bebida.

Más adelante el árbol de la quinina fue llevado desde Perú hasta la India, que en aquella época era colonia inglesa. La idea era sembrarlo allá para tener a la mano la cura para la malaria de las tropas británicas. Un par de científicos franceses extrajeron el principio activo y lo convirtieron en pastillas para los soldados. Esta quinina en cápsula era de un amargo insoportable.

De cómo se juntaron la ginebra y la tónica

No fue en una playa caribeña, ni en un glamoroso bar. Finalizaban los años 1700 y en Suiza el señor Jacob Schweppe ya se había inventado el agua carbonatada, es decir el agua con gas. Este tipo de agua era usado por los soldados ingleses, junto con azúcar, limón, y ginebra, para pasar las amargas pastillas de quinina, y de paso las amarguras de la guerra en la India. Aquellos soldados inventaron, sin saber, la mezcla que luego se llamaría gin-tonic. El señor J. Schweppe se fue a Londres a instalar su fábrica, y allí tuvo la idea de agregar la quinina directamente a su agua de burbujas. Así nació el agua tónica.

Con la quinina de Suramérica, pero su agua tónica de Inglaterra. Con su ginebra de Holanda, pero mezclados por soldados ingleses en la India. Es decir, nuestro bienamado gin-tonic es un verdadero coctel cosmopolita.

Gin-tonic Cultulicious

El gin-tonic es en algunas ciudades del mundo un objeto de culto. Es la excusa perfecta para reunirse en los sitios de moda, y algunos bartender han convertido su preparación en todo un ritual.

La ginebra mortal

En palabras sencillas la ginebra es un aguardiente (alcohol diluido en agua) hecho de cereales fermentados. Destilado con varias plantas aromáticas, la más importante, el enebro. Es decir, una bebida que se puede fabricar de manera casera.

Durante el siglo XVIII Londres vivió una época de pobreza extrema. También de un alcoholismo jamás visto en el mundo, a causa del consumo desbordado de ginebra de muy mala calidad. Los altos impuestos a la cerveza, el desempleo, la hambruna, y las malas condiciones sanitarias, fueron los detonantes. Se producía ginebra adulterada en todas las esquinas de la ciudad. El número de muertos por intoxicación aumentó peligrosamente. El gobierno impuso una prohibición que empeoró la situación.

Comenzando el siglo XIX la ginebra recuperó su esplendor gracias al levantamiento de la prohibición. Londres se convirtió entonces en cuna de la sofisticación de la ginebra. En 1850 viajó a Estados Unidos, donde también vivió sus aventuras. Empezó dando un toque digestivo con los primeros gin-tonics del continente americano. Después su toque mortal con fabricaciones clandestinas en épocas de la Prohibición.

La cultura del gin-tonic

La Segunda Revolución Industrial trajo una nueva imagen a la deshonrada ginebra. El gin-tonic se convirtió en compañero de actos sociales. Dejó de ser visto como una mezcla para emborracharse. Se convirtió en símbolo feminista, porque finalmente las mujeres podían beber en público. En los años 60 recibió el espaldarazo que necesitaba cuando el presidente John F. Kennedy dijo que el gin-tonic era su bebida favorita.

Un bebedizo que durante el siglo XIX se popularizó como tratamiento contra la malaria, el escorbuto, y los problemas estomacales. Medicamento primero, luego veneno, y más tarde protagonista en la evolución de la coctelería. Un gin-tonic es un acto social en sí mismo. Su historia habla de la economía mundial, de descubrimientos científicos, de viajes por diferentes continentes, de guerras y de amores. El coctel símbolo de la diversidad, donde confluyen culturas, orígenes, naciones, y personas de toda procedencia.

Bibliografía:

Jacobs Solmonson, L. Historia Universal de la Ginebra. (2015). Malpaso Ediciones. Barcelona.

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