Hablar de una persona desconocida, ningunear al prójimo, o referirse a alguien cuyo nombre no se puede mencionar. Estos son algunos de los usos de los personajes de esta historia. Fulano, mengano, zutano y perengano, de quienes no existe registro histórico que certifique su existencia real.

Estas 4 expresiones son en realidad construcciones gramaticales de uso generalizado en la lengua española. Existe evidencia de su uso desde comienzos de la Edad Media. Cuando los árabes conquistaron España dejaron una herencia cultural y lingüística que actualmente existe en los países de habla hispana. Aún en el siglo XXI usamos unas 4 mil formas léxicas en el idioma español heredadas de los musulmanes.

Del fulano y los demás sujetos

Fulano, la más usada de las 4 palabras, proviene del árabe fulán que significa “persona cualquiera”. También se dice que su origen puede estar en el hebreo feloni, “cualquiera”. Se usa fulana para el sexo femenino, sin embargo, tiene una connotación despreciativa. El diccionario le da el significado de “prostituta” o “una cualquiera”. Cosas del machismo lingüístico.

Mengano también deriva del árabe man kán que significa “quien sea”. Por otra parte, zutano tiene origen latino. Del vocablo citano (del latín scitanus, sabido o nombrado). Por último la menos usada, perengano, fusión de “Pérez” y “mengano” según Sebastián de Covarrubias en el “Tesoro de la lengua castellana” – primer diccionario de la lengua española –. Esto porque el tal “Pedro Pérez” y su referencia a un sujeto genérico, también data de la época medieval. Así mismo hay un perencejo, que si bien no se usa en España, sí es común en Colombia, Venezuela y Guatemala, entre otros países latinoamericanos. De acuerdo con los estudiosos de la lengua, deriva de Pero Vencejo, un nombre ficticio que se usaba antiguamente para referirse a un campesino cualquiera.

Un fulano y un menganito

De las anteriores expresiones hay que tener en cuenta que fulano puede usarse solo. Mientras que las demás palabras deben usarse en estricto orden después del mismo fulano, si es para hablar de varias personas. Es decir que la usanza es: fulano, mengano, zutano y perengano (o perencejo, según el gusto del usuario). Cuando lo que se busca es acentuar el menosprecio hacia el sujeto en cuestión, se usan los diminutivos, aceptados por la Real Academia de la Lengua.

En otras lenguas y culturas existen los equivalentes. Por ejemplo en inglés un “John Doe” o “Jane Doe”, si es femenino. En algunos países se usa el N. N. que proviene de la expresión latina nomen nescio, que significa “desconozco el nombre”. En Francia se usa el “Pierre Paul Jacques” refiriéndose a una serie de nombres comunes. Voces todas muy conocidas, usadas alrededor del mundo, para señalar a los desconocidos.

Bibliografía :

VARELA, S. (ED.). La formación de palabras. (1993). Taurus. Madrid.

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