El cocodrilo no para de llorar mientras devora una presa. Pero no es de arrepentimiento por haberla cazado, ni de tristeza porque se acabó su manjar. El cocodrilo sí llora, pero sus lágrimas no expresan falsos sentimientos.

De acuerdo con la Real Academia Española RAE, las lágrimas de cocodrilo provienen de una persona que quiere aparentar un dolor que no siente. Triste fama la del cocodrilo, quien en realidad tiene 3 diferentes glándulas lacrimales que mantienen lubricados sus ojos fuera del agua. Sus lágrimas son de origen biológico, no de origen sentimental.

Lágrimas de cocodrilo

Lágrimas de cocodrilo (muy triste aunque no parezca)

¿Por qué llora el cocodrilo?

Desde la antigüedad los hombres vieron esta criatura con recelo. Creencias ancestrales decían que emitía un lamento como de una cría para atraer a otros animales y devorarlos. La realidad es que son los pequeños cocodrilos bebés quienes gimen al nacer mientras salen de los huevos. Gracias a ese sonido su mamá puede oírlos a gran distancia e ir a recibirlos en su lugar de nacimiento. También se decía que los cocodrilos se comían a sus crías. La verdad es que la mamá transporta entre las fauces a sus indefensos bebés. Es así como los lleva al estanque mientras ellos aprenden a nadar. Para completar, los antiguos afirmaban que el cocodrilo cínicamente lloraba de lástima mientras devoraba a su presa. Pero lo que sucede es que cuando estos animales comen, no mastican. Abren su mandíbula superior ampliamente, de tal manera que las glándulas lacrimales se oprimen y salen más lágrimas.

Históricas lágrimas de cocodrilo

Algunos historiadores dicen que la primera referencia real a la expresión “lágrimas de cocodrilo”, la hizo el monje franciscano Bartholomaeus de Granville (el precursor de la Enciclopedia). Hacia 1250 escribió en uno de sus tratados lo siguiente: «si el cocodrilo encuentra un hombre a la orilla del río o en un peñasco, lo mata si puede, después llora sobre él, y finalmente lo devora».

Posteriormente, en 1343, el sacerdote español Juan Ruíz escribió en su obra El Libro de Buen Amor:

«Si más que una codorniz la astuta urraca no hablara,
No la colgaran en plazas, ni la risa suscitara.
Lágrimas de cocodrilo no sirven en vuestra cara,
Pues cual Don Melón Ortiz, otro cualquier hombre hablara.»

Desde los años 1500 en adelante, las referencias escritas sobre el tema han sido innumerables. Por supuesto las traducciones de todo tipo de texto científico o literario, incluían la referencia lacrimógena. En los siglos siguientes se ha conservado la relación entre las lágrimas de cocodrilo y las de los humanos que simulan tristeza con el fin de engañar. Sin embargo, nuestro saurio de millones de años, está lejos de sentirse emocionado por protagonizar una frase que lo ha hecho “tristemente famoso”.

Sígueme y comparte :

Leave a Reply

Your email address will not be published.